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Humanizar: visibilizar lo que nos da salud

  • Foto del escritor: Bruno Solari
    Bruno Solari
  • 10 may
  • 2 min de lectura
Manos de una persona joven sosteniendo suavemente las manos de una persona mayor. Fondo desenfocado, ambiente cálido y reconfortante.

Existe una antigua fábula en la que un joven pez le pregunta a otro, mayor y con más experiencia, dónde encontrar el océano. Éste le responde al joven que ya se encuentra ahora mismo en él.

 

Algo parecido sucede al hablar de humanización de la salud. Recuerdo que durante el período de levantamiento de buenas prácticas que llevarían a la generación de un Plan Nacional de Humanización, me tocó asistir a muchas jornadas con Equipos de Humanización. Y cada vez que les compartía alguna buena práctica que había conocido de algún establecimiento, las personas se miraban entre ellas y me decían que eso ya lo hacían y, además, hace mucho tiempo.

 

Y es que parece que las acciones de humanización, por ejemplo, tomar la mano a algún paciente antes de entrar a cirugía, acompañar y aplaudir la campanada que señala el final de un tratamiento de quimioterapia, ayudar a cumplir el último deseo de un paciente que está en la etapa final de su vida (por ejemplo, casarse con el amor de su vida o ir a pintar al aire libre por última vez) son tan connaturales a las personas que trabajan en el sistema de salud, que se dejan de ver.

 

Al igual que el joven pez no ve que ya se encuentra en el agua y se va -decepcionado con la respuesta que obtuvo- a buscar el océano en otro lugar, para encontrar la humanización de la salud no es necesario ir muy lejos. Tal como me dijo una persona con muchos años de experiencia en el sistema de salud: -“te aseguro que en cada establecimiento de salud hay alguien haciendo algo extraordinario. Y probablemente no lo sepa. Porque lo hace de manera natural e intuitiva”.

 

Probablemente esa persona no sepa que lo que está haciendo es extraordinario y que tendrá un impacto duradero en el proceso de salud-enfermedad del paciente que lo recibe. A lo anterior agrego: probablemente el resto de las personas de ese establecimiento o del sistema de salud en general, tampoco sepan de ese acto extraordinario. Porque lo que no se nombra, no existe. Y si además no se mide, menos visible es aún.   

 

El Plan Nacional de Humanización de la Salud define Humanización de la Salud como un enfoque que involucra a toda la organización sanitaria orientado a garantizar una atención digna, segura, eficiente y respetuosa de los derechos humanos, considerando la integralidad del ser humano, la diversidad sociocultural y la dimensión espiritual.

 

A mí me gustaba definir la humanización de la salud como una esperanza. Tal como señala el filósofo norcoreano Byung-Chul Han, la esperanza supone un movimiento de búsqueda. En este caso, la esperanza de hacer visible lo invisible. Porque pareciera que es justamente eso, lo invisible, lo que nos sostiene en el proceso de salud-enfermedad.

 

En definitiva, el enfoque de humanización de la salud permite abrir la conversación hacia la salud y la sanación, e incluir aquello que nos permite sentirnos sanos, aún, viviendo una enfermedad y/o la etapa final de la vida. Cuando las conversaciones están saturadas de enfermedad, cuesta generar conversaciones sobre la salud. Y tomar conciencia de esto es un pequeño, pero gran paso de transformación cultural.

 
 
 

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